Lo manosié al colorao
que me'mprestó
Hernán Esquerro
y me malicié: “este's perro
quisquiyoso y mal yevao”;
muy cauteloso el
recao
al lomo le acomodé,
adelante lo cinché
cómo cuidando mis
priendas,
lo enfrené, y a las
dos riendas
en el cinchón
enganché.
Lo caminé del
cabresto
viendo de hayarle la
faya,
y estornudaba, ¡amalaya!,
no mostrando estar
molesto.
Bien aviao pa’ echar
el resto
pisé’l estribo y
monté,
y áhi de verdá
me’ncontré
con un pingo lomo
frío
que’n abierto
desafío
cuasi obligao,
enfrenté.
Queriendo hacerse un
oviyo
se volcó pa’l lao
del lazo
y al cogote un
talerazo
le acomodé por ser
piyo,
un abalanzo sin
briyo
lo enderezó
pa’delante,
lo asujeté y al
istante
ya sosegao, se
entregó…
y a tranquiar largo dentró
muy liberal y
arrogante.
Ya nos hicimos
amigo’,
no era maula el
colorao
y con el defeto
hayao
podía evitarle'l
castigo.
Cumplimos, y como
digo
con holgura en el
rodeo,
y aqueyo que intuí,
yo creo
terminó siendo un
halago
por eso un elogio le
hago
al que me arrancó
tan feo.
(6/10/2026)
Versos de Carlos
Raúl Risso E.-