miércoles, 11 de noviembre de 2020

LA PRIENDA

 En sus ojos tan chispiantes

y en su melena alazana

la gracia de mi paisana

me retempla a cada istante,

su tranco ágil y cimbriante

como totoral, la acuna.

Regalo de la fortuna

por el que vivo anhelante.

 

Es al bailar ¡muy donosa!

liviana en la güelta’el valse,

y en su cintura haya el calce

justo, mi mano cayosa.

De su boca como rosa

le nacen frases floridas

…pero es también alvertida

pa’ la opinión sentenciosa.

 

Me salió de güena cuna

la muchacha’e los Perales

criada en modos muy formales

y en casa muy oportuna.

Dispuesta como denguna

me acetó el convite al ¡vamos!

y dende’ntonces que andamos

con un dulzor de higo’e tuna.


Su andar es una delicia

que’n los pechos se hace antojos

pero su mirar, ¡tramojos

me le prende a l’avaricia!

y en el dirse, por malicia

mi calma se desbarranca

que’n la redondez del anca

lo que se hamaca es codicia.

 

Es una avispa la moza

que ha’cetao la invitación

pa’ que yo agrande el fogón

y lo haga rancho a mi choza.

Cuando me besa, mimosa,

me olvido de la ucasión

que negocié’l redomón

por ronciarla, pa’ mi esposa.


Con los tata’ apalabrao

y con su “sí” en la maleta,

solo hay que atar la carreta

que la’rrime pa’ mi lao.

Sé que soy afortunao

porque al destino lo enrienda

mejor, el qu’encuentra prienda

pa’ vivir acoyarao.

                                 (15/04/1996)

Carlos Raúl Risso E.-


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